martes, 15 de noviembre de 2011

En el cielo

By Cecilia Morbidelli
Siempre pensé que los aeropuertos estaban llenos de hombres interesantes (lo que sea que interesante signifique para una mujer de más de treinta que no busca compromiso).
Mi experiencia me lo había confirmado una y otra vez. Ahora volvía a hacerlo al ponerme delante de la larga fila del check in a un treintón sexy que se ofreció gentilmente a ayudarme con mis bolsos.
-Me pone nervioso volar, no me acostumbro -me confesó mientras compartíamos un cigarrillo ahogándonos en el smoking point, minutos antes de volar, completamente aterrorizado tratando de que los relajantes le hicieran efecto antes de pisar el avión.
-Yo disfruto los despegues – lo desafié, porque si un hombre drogado con ansiolíticos podía mirarme de esa manera y sin embargo, controlar su mano para no tocarme mientras me prendía el segundo cigarrillo en esa Londres de cristal, valía la pena jugar.
Después lo vi, me vio, nos vimos, hablamos, no hablamos. ¿Nos deseamos? Seguro.
El baño del avión es el escenario ideal para las fantasías. En la vida real es incómodo, terriblemente chico y sucio. Imagínense para hacer algo más que ciertas necesidades y lavarse los dientes.
No me importó.
Solamente necesitaba una parte de su cuerpo y la tuve. No hablamos. Me clavó la lengua en el cuello, metió su mano debajo de mi corpiño, levantó mi pollera, corrió parte de la bombacha y con sus dedos me penetró mientras yo lo liberaba mínimamente de sus pantalones.
Lo sentí tan firme que contuve un grito entre sus labios. Mis uñas convirtieron su espalda en un mapa rojo, sus manos se vengaron con mi pelo. Cómo lo disfruté… Al darse cuenta de que no lograba vengarse mordió lentamente uno de mis pezones, nuevamente defraudado por mi placer, clavó su dedo en el orificio que todavía no estaba ocupado. Sintió mi sonrisa contra sus dientes.
-Puta – me dijo, agitado y enfurecido porque encima de todo, me acababa de regalar un orgasmo.
-Gracias – le contesté mientras lo sacaba de mí y le devolvía el favor poniéndome de rodillas.
-Señoras y señores bienvenidos a Madrid. Ladies and gentlemen, welcome to Madrid. La temperatura es de …
Con esas palabras toscas me desperté, empapada y sin saber dónde estaba aunque me lo estuvieran explicando en dos idiomas.
-Sobrevivimos – me dijo al pasar el protagonista de mi sueño. Su sonrisa me prometía hacerlo realidad.
Fuente: http://laspornografas.com.ar/WPSite/?p=763

En el cielo

By Cecilia Morbidelli
Siempre pensé que los aeropuertos estaban llenos de hombres interesantes (lo que sea que interesante signifique para una mujer de más de treinta que no busca compromiso).
Mi experiencia me lo había confirmado una y otra vez. Ahora volvía a hacerlo al ponerme delante de la larga fila del check in a un treintón sexy que se ofreció gentilmente a ayudarme con mis bolsos.
-Me pone nervioso volar, no me acostumbro -me confesó mientras compartíamos un cigarrillo ahogándonos en el smoking point, minutos antes de volar, completamente aterrorizado tratando de que los relajantes le hicieran efecto antes de pisar el avión.
-Yo disfruto los despegues – lo desafié, porque si un hombre drogado con ansiolíticos podía mirarme de esa manera y sin embargo, controlar su mano para no tocarme mientras me prendía el segundo cigarrillo en esa Londres de cristal, valía la pena jugar.
Después lo vi, me vio, nos vimos, hablamos, no hablamos. ¿Nos deseamos? Seguro.
El baño del avión es el escenario ideal para las fantasías. En la vida real es incómodo, terriblemente chico y sucio. Imagínense para hacer algo más que ciertas necesidades y lavarse los dientes.
No me importó.
Solamente necesitaba una parte de su cuerpo y la tuve. No hablamos. Me clavó la lengua en el cuello, metió su mano debajo de mi corpiño, levantó mi pollera, corrió parte de la bombacha y con sus dedos me penetró mientras yo lo liberaba mínimamente de sus pantalones.
Lo sentí tan firme que contuve un grito entre sus labios. Mis uñas convirtieron su espalda en un mapa rojo, sus manos se vengaron con mi pelo. Cómo lo disfruté… Al darse cuenta de que no lograba vengarse mordió lentamente uno de mis pezones, nuevamente defraudado por mi placer, clavó su dedo en el orificio que todavía no estaba ocupado. Sintió mi sonrisa contra sus dientes.
-Puta – me dijo, agitado y enfurecido porque encima de todo, me acababa de regalar un orgasmo.
-Gracias – le contesté mientras lo sacaba de mí y le devolvía el favor poniéndome de rodillas.
-Señoras y señores bienvenidos a Madrid. Ladies and gentlemen, welcome to Madrid. La temperatura es de …
Con esas palabras toscas me desperté, empapada y sin saber dónde estaba aunque me lo estuvieran explicando en dos idiomas.
-Sobrevivimos – me dijo al pasar el protagonista de mi sueño. Su sonrisa me prometía hacerlo realidad.
Fuente: http://laspornografas.com.ar/WPSite/?p=763